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Un mundo por descubrir

Un mundo por descubrir

 

Por: Dr. James Herzog

Del nacimiento a los dos años

Un niño de tres días de nacido puede reconocer la cara de su madre fácilmente; a los seis días puede identificar un babero impregnado con leche materna. Estos logros son fascinantes, puesto que se trata de una criatura que acaba llegar al mundo ¿Por qué los niños saben tanto y aprenden con tanta rapidez? ¿Cómo asimilan esa información?

Los niños nacen con capacidades cognitivas asombrosas, las cuales les permiten diferenciar a su madre de otras mujeres y posteriormente, hacer otras distinciones. La cognición es la capacidad de poder conocer y crear ideas sobre el mundo y la gente.

Los niños aprenden a través de los sentidos. Absorben y organizan información sobre el medio que los rodea según lo que ven, oyen, huelen, tocan y saborean. Durante los primeros meses, por ejemplo, un niño aprende, a través de experiencias táctiles repetidas, que la cuna tiene una textura diferente a la de su manta. Luego aprenderá que “duro” y “suave” son las palabras y los conceptos que describen esas diferencias.

Cómo se lleva a cabo el aprendizaje

Al nacer, el cerebro del bebé es un complejo aparato que contiene unos 3,000 millones de millones de neuronas o células. Durante los primeros dos años de vida, los conductos que conectan a una célula con otras se multiplican, haciendo que el tamaño del cerebro aumente y forme una estructura neuronal que permite que se lleve a cabo el proceso del conocimiento.

En la edad adulta cada célula cerebral estará conectada con otras por entre 100 y 1000 conductos. Los estudiosos del desarrollo infantil comparan el proceso de aprendizaje de un niño a un arbusto que echa ramas. Este proceso permite que ciertos conductos cognitivos crezcan a causa del uso constante. Imagina que durante la infancia la madre de un bebé le canta cada vez que lo acuesta a dormir. Con el tiempo, la continua estimulación de los conductos del cerebro del pequeño que regulan el sonido, el ritmo y las melodías hacen que éstas florezcan y que establezcan ciertas conexiones neuronales. Cuando los conductos no se usan, no se desarrollan. (Piensa lo que te sucedería si no ejercitaras un músculo durante mucho tiempo, es probable que éste pierda flexibilidad o no funcione adecuadamente cuando quieras usarlo).

Etapas de mayor importancia

Las más significativas en los primeros dos años en la vida de un bebé son:

  • SEIS MESES: El bebé desarrolla percepción de profundidad, esto significa que ve la diferencia entre estar arriba y abajo. Así por ejemplo, sabrá que no es lo mismo estar sentado en el suelo que en una silla.
  • OCHO MESES: El pequeño puede formar imágenes mentales de gente familiar. Cuando un desconocido se acerca, puede reaccionar con ansiedad y cuando la cara que ve no es la de la imagen que tiene, llora.
  • DE 10 A 12 MESES: El niño puede entender órdenes sencillas y su nombre. Los conductos tienen que ver con el lenguaje se están desarrollando rápidamente. A esta edad también está desarrollando otras capacidades: puede comer por sí mismo, lo que significa que reconoce una necesidad y sabe cómo satisfacerla. Éste es un proceso complejo en el cual participan la coordinación de habilidades motoras y el deseo de tener o hacer algo.
  • 12 MESES: El niño puede vocalizar y señalar. Está empezando a caminar, lo cual significa que está desarrollando capacidades mentales para medir distancias y la forma de los objetos.
  • 18 MESES A DOS AÑOS: Es muy posible que el bebé empiece a formar palabras y frases completas. Está absorbiendo gran cantidad de información y la formación del lenguaje está ocurriendo rápidamente. Los progresos en las habilidades motoras reflejan el avance cognitivo que está ocurriendo durante estos meses críticos. Cuando el pequeño puede trepar a una silla, por ejemplo está demostrando no solamente que hay diferentes niveles sino que puede ir de uno a otro a su voluntad.

Relajación y conocimiento

La capacidad de aprender de un bebé depende, en gran medida, de su condición física y mental. Las investigaciones muestran que la mayoría del aprendizaje ocurre cuando el niño se encuentra relajado. Un estado de tensión, distracción o temor no son apropiados para que aprenda. Así pues, ¿cómo deja de jugar para aprender un bebé?

Los niños nacen con dos sistemas para relajarse: chuparse el dedo y beber leche materna (o leche artificial). Desde el primer día de vida, ya sea que se chupe el dedo o tome leche, los opiatos del cuerpo llegan al cerebro, produciendo un estado de satisfacción. El bebé mira a su alrededor, absorbe información y establece conexiones entre una cosa y la otra. En otras palabras, la satisfacción conduce al desarrollo.

La importancia de este hallazgo en términos de desarrollo cognitivo es obvia: un recién nacido puede aprender porque puede lograr un estado de actitud alerta. Por supuesto, este estado no existe en el vacío; un componente que no hemos contemplado hasta ahora es la relación con sus padres o con quienes lo están criando.

Aunque un niño puede nacer con una predisposición para ciertas capacidades cognitivas que aparecerán después (habilidades musicales, artísticas o matemáticas, por ejemplo) son sus relaciones con el medio ambiente las que permitirán que éstas florezcan a su debido tiempo. A la larga, es la mezcla de nuestros instintos y de nuestro medio ambiente la que nos hace humanos.

De dos a cinco años

El cerebro evoluciona hacia el pensamiento abstracto Por el Doctor Charles Flatter

El habla es posiblemente la facultad más significativa que los preescolares puedan desarrollar. Tal vez has notado que tu hijo de dos años tiene un vocabulario limitado, o que tu hija de cuatro años habla utilizando frases relativamente bien construidas y que su vocabulario aumenta todos los días. Tan milagrosa como parece, el habla no aparece repentinamente. El uso de las palabras significa que el niño ya ha desarrollado otra crítica capacidad cognitiva: La simbolización.

El cerebro de un niño es admirable. Cuando el pequeño tiene dos años el cerebro se vuelve más sofisticado, dándole la habilidad de representar, o simbolizar, objetos con palabras. Su juguete favorito existe en la realidad porque puede verlo, tocarlo y olerlo, y en su cerebro porque puede representarlo.

Cuando el niño llega a los tres años, su capacidad mental para crear símbolos y pensar en forma abstracta ha aumentado. Debido a que los conductos en las células son más numerosos, puede absorber grandes cantidades de información y organizarla de forma más compleja. En ese momento puede clasificar cosas que tienen una cualidad específica, como color o forma. Entenderá que los gatos son diferentes a los perros, pero sólo sabrá el próximo año que ambos forman parte de un grupo llamado animales.

A los tres años, también entiende que los números no son solamente formas que ve en algunos juegos. Sabe que tienen una función y un significado particular. Sabe, por ejemplo, que sirven para saber cuántas galletas hay en su plato o cuántos hermanos tiene.

Asociaciones y realidades

Un niño de tres años también puede atribuirle sentimientos específicos a comportamientos que observa. Cuando ve que su hermanita llora, entiende la idea de que tal vez ella tenga dolor. Lo que no puede hacer es considerar opciones, o sea que la niña esté disgustada o triste. Su cerebro no puede hacer más de dos asociaciones a la vez.

De igual manera, un niño que vive en Chihuahua entiende que el invierno es frío y que tiene que abrigarse. Si va de vacaciones con su familia en la Navidad a Acapulco, donde el clima es cálido y la gente usa ropa liviana no entenderá que allí están en invierno. No será sino hasta los cinco años, aproximadamente, que su cerebro entienda la realidad de muchos conceptos. Por lo tanto, entenderá que no todos los días de invierno son iguales; con más experiencia podrá describir situaciones diferentes.

Antes de los cinco años, los niños no tienen noción del tiempo. Tampoco entienden que es el pasado o el futuro. Si un niño de cuatro años se golpea una pierna, le será difícil entender que la pierna no le dolerá siempre. Sin la noción del tiempo un niño no puede pensar lógicamente; no puede entender causa y efecto. No sabe que las acciones tienen consecuencias, por lo cual los preescolares son propensos a accidentes. Un niño de cuatro años puede saltar a una piscina porque el agua parece tentadora; no se le ocurre que es incapaz de nadar.

Los niños no nacen con el sentido del peligro; aprenden sólo a través de experiencias personales. Durante los años de edad preescolar, ellos aprenden a través de la vista, el oído, el tacto y el gusto. A los cuatro años no pueden imaginarse que pueda pasar algo que no ha sucedido antes. A los cinco o seis años, cuando empiezan a hacer la transición hacia el pensamiento abstracto estarán más capacitados para considerar las consecuencias de sus acciones. Al igual que el desarrollo físico, el proceso de adquisición de conocimiento ocurre en forma ordenada. Tiene su propia lógica interna y su tiempo. La misión de los padres no es acelerar este proceso (aun si fuese posible), sino apoyar al niño en cada etapa. La ayuda de los padres nunca sobra.

Fuente: revista Padres de Plaza Sésamo. © [Otoño 1997, 2003] Sesame Workshop. Reimpresión autorizada por Sesame Workshop. Todos los derechos reservados. ® Plaza Sésamo y el logo de Plaza Sésamo son marcas registradas y de servicio de Sesame Workshop.