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¿Temperamento difícil?

¿Temperamento difícil?

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Por: Sharon Rappoport

Desde hace siglos, los científicos han discutido si el temperamento puede modificarse. Las investigaciones recientes han mostrado que el temperamento no es inalterable, y que la personalidad que el niño desarrolle depende tanto de factores innatos como del medio ambiente. Para los padres, todo ello se resume en la enorme responsabilidad de ayudar a forjar el carácter de sus hijos, y significa que la manera en que manejamos su conducta puede ayudarles a fortalecer sus cualidades y suavizar sus puntos débiles, o incluso a canalizarlos para convertirlos en actitudes positivas. Nuestras acciones pueden determinar si las características especiales (timidez, agresión, obstinación) a la larga se convertirán en cualidades o defectos.

Lecciones de cuna

Expertos en comportamiento infantil, e innumerables padres y madres, han observado que los niños anuncian su temperamento desde los primeros meses de vida. Cuando son bebés, algunos parecen necesitar más que otros niños: más tiempo en brazos, en el pecho, más arrullo. Desde un principio, el bebé temperamental le hace saber a sus padres que la vida no será tan apacible como ellos pensaban. Pronto es catalogado como “llorón” o “demandante”, de él se dice que tiene cólico o que está mimado. A medida que crece, también requerirá más de los padres: más energía, más creatividad, más madurez y más paciencia. De aquí se deriva una de las primeras enseñanzas en cuanto a la relación con los hijos: si etiquetamos la conducta del niño de manera negativa, y contemplamos nuestro papel como una pesada carga, la convivencia efectivamente será más difícil. Por otro lado, si nos ponemos a la altura del desafío y realizamos esta tarea con paciencia y amor, lograremos encaminar la conducta del niño sin quebrantar la relación.

La pareja padre e hijo

En ocasiones, lo que percibimos como una relación dificultosa con un hijo no es causada por su carácter “imposible”, sino por un choque de personalidades. No todos los padres sabemos automáticamente cómo proporcionar una respuesta efectiva y acorde con la etapa de desarrollo del niño. Frecuentemente, y al contrario de lo que dice la sabiduría popular, estas habilidades de crianza se van desarrollando con la experiencia. En otras ocasiones, las personalidades de padre e hijo no hacen “clic”: un niño intenso puede ser agobiante para una madre con bajo nivel de energía; un niño independiente puede parecer “difícil” para un padre controlador. Debemos contemplarnos con honestidad para no confundir nuestras limitaciones con las de nuestros hijos, y estar dispuestos a ser flexibles. Hay que aceptar a nuestros hijos por lo que son, no por lo que quisiéramos que fueran.

También es útil recordar que en la relación padre-hijo, no siempre es el niño quien toma y el padre quien recibe. Mientras más dé el padre, más recibirá. A medida que nutras las fortalezas de tu hijo, adquirirá habilidades que no poseías antes. Al cubrir las necesidades particulares del niño, enriquecerás también tu vida.

Para facilitar la convivencia

Los niños parecen tener un talento innato para hacer y decir las cosas que nos “sacan de quicio”. Desde el niño de 24 meses al que hay que perseguir por toda la casa para darle un baño, hasta la niña de 4 años que declara “ya no querernos” cuando le negamos lo que pide. La conducta irreverente, desobediente o desafiante, en ocasiones afecta la autoestima de los padres, particularmente si estos se sienten inseguros de sus habilidades de crianza. Los expertos recomiendan no tomar este tipo de conductas de manera personal. Algunos niños tienen características más difíciles de sobrellevar que otros, pero éstas son parte de su individualidad. Entre ellas están los bebés y niños especialmente intensos, exigentes, super-sensibles, hiperactivos o difíciles de adaptar. He aquí otros consejos para facilitar la convivencia:

  • Tu hijo es muy especial. Tendrás que ajustar tu estilo de crianza a su personalidad, para darle cabida en la familia y en tu estilo de vida. Si el niño tiende a ser obstinado, perderás todas las batallas, a menos que te propongas doblegar su personalidad. Pero ello no significa que debas permitirle hacer todo lo que quiera. La clave es llegar a un equilibrio. Para disciplinar a un niño difícil primero hay que ablandar su temperamento mientras mejoramos nuestra sensibilidad hacia él.
  • Fortalece los lazos afectivos. El niño con predisposición al comportamiento obstinado no gusta de obedecer órdenes. Las contempla como un desafío. La meta de la disciplina es ayudar a estos niños a obedecer por su propio bien y por el de los padres. El niño que tiene un lazo afectivo sólido desea complacer a sus padres y es más probable que quiera alinearse.
  • Enfatiza lo positivo, minimiza lo negativo. Identifica las características del niño que requieran trabajarse. Pero evita enfocarte sólo en lo negativo. Mientras ayudas a tu hijo a arreglar lo que está mal, también valida las partes agradables de su personalidad. Motívalo frecuentemente con palabras como: “Muy bien”, “buen trabajo”, “bravo” y “gracias”.
  • Evita las etiquetas negativas. Los padres que perciben negativamente a sus hijos utilizan términos negativos, y el niño se comporta en concordancia. “Chica mala” se convierte en una profecía que se cumple. Los niños temperamentalmente difíciles se acostumbran a las etiquetas, a ser los únicos del grupo en ser separados para recibir un castigo. Pronto esta se convierte en su identidad. Su conducta no mejora, inclusive puede empeorar. Los métodos tradicionales de corrección, como retirarles los privilegios, rara vez funcionan. Comienza por referirte a tu hijo con adjetivos positivos como “sensible”, “perseverante”, o “decidido”, en vez de “llorón”, “exigente” o “terco”.
  • Ni gritos, ni castigos, ni amenazas. Gritar y regañar intensifican la conducta opositora del niño difícil; el castigo abusivo y especialmente los golpes, resultan contraproducentes, pues no enseñan nada productivo y generan resentimiento e ira. Las amenazas son también inútiles. Los niños difíciles prefieren hacer lo que se les pide por su propia voluntad. La disciplina no sólo debe enfocarse en prevenir la ira excesiva, sino también en enseñarle al niño mecanismos para aliviar sus sentimientos negativos.
  • Ayúdale a tener éxito. Encuentra los talentos y deseos de tu hijo y ayúdale a dominar habilidades, tales como tocar un instrumento, desempeñar un deporte o ser creativo en las artes manuales. Los deportes y la actividad física son muy útiles para liberar el exceso de energía y los sentimientos negativos. Proporciona amplias oportunidades para la actividad física. Si estás en casa, enciende el radio y pon a todos a bailar.
  • Busca las ventajas. Recuerda que ser fuerte, exigente, y determinado son características de los lideres. La perseverancia del niño para obtener lo que quiere –que ahora nos molesta tanto-, le ayudará a distinguirse en aquello que él decida. Seguramente se convertirá en un niño seguro de sí mismo y que sabe defenderse del abuso de los compañeros en la escuela. Trata de establecer límites amorosamente, ofrécele opciones en vez de órdenes y escoge las batallas que valga la pena pelear.

 

Familiarízate con las etapas de desarrollo. Alrededor de los 2 años de edad, la conducta desafiante es normal y cumple una función muy importante. Es la forma en que el niño prueba los límites de su mundo mientras desarrolla un saludable sentido de independencia y poder. Ten en cuenta que las tareas que exigimos de los niños no siempre están a la altura de su desarrollo cognitivo. Mantenerte informado acerca de la etapa que atraviesan tus hijos te permitirá comprender que su conducta no necesariamente tiene la intención de enloquecer a los padres.

Ahora es cuándo. No importa si tu hijo tiene 2 ó 5 años. Ahora es el momento de fomentar las conductas que le favorecerán en un futuro. Aunque ahora sea difícil de creer, es más plausible canalizar las tendencias desafiantes del niño a los 4 años, que enfrentar la agresividad en un adolescente.