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Recobra la autoridad

Recobra la autoridad

 

Por: Laura Espinosa

Olvídate de las estrategias inútiles como es el hecho de no cumplir con tus constantes amenazas. Sé consistente y ten paciencia. Piensa en lo que te está funcionando hoy y aplícalo más seguido…después sigue estos tres pasos y obtén la cooperación que mereces.

  1. Establece tus prioridades: No trates de cambiar el comportamiento de tu hijo de una sola vez. Primero separa sus diferentes conductas (las que sí te gustan, las que no y las que encuentras hirientes o destructivas). Si no encuentras aspectos preocupantes en cuánto a la seguridad de todos, enfócate en una conducta que te parezca fácil de cambiar. Una vez que la tengas bajo control, centra tu atención en otra.

Por ejemplo, si tienes un niño pequeño que constantemente arroja objetos, ataca primero ese problema que es peligroso porque puede lastimar a otros, y luego preocúpate por el tiradero que hace en su cuarto. Pronto notarás que las cosas mejoran.

  1. Actúa como detective: Por cada comportamiento específico, pregúntate qué es lo que tu hijo está buscando realmente. Es muy raro que un niño se porte mal, sin buscar un resultado a cambio. Descubrir cuál es la meta de tu hijo es la clave para planear una estrategia efectiva. Si tu hijo te dice “no me puedes obligar”, cuando le pides que se meta a bañar, está buscando deliberadamente un pleito. Su meta no está en no entrar en contacto con el agua, sino simplemente en hacerte enojar. Así que conserva la calma, pero no cambies la orden y sigue adelante. De cualquier forma déjale saber que si no te obedece, tendrá una consecuencia, pero de verdad llévala a cabo.

Cuando tu hijo no solamente no obedece, sino que utiliza malas palabras, grita, patea, etcétera, puede estarse sintiendo lastimado o traicionado por ti. Si descubres que tu hijo está actuando de esa forma porque está muy enojado contigo, estarás en una mejor posición para hablar con él y encontrar de qué otra manera puede expresar sus sentimientos. Recuerda que detrás de cada sentimiento hay una necesidad, así que trata de descubrir qué es lo que le está haciendo falta.

  1. Planea tu respuesta: ¿Cómo vas a actuar la próxima ves que tu hijo desobedezca? ¿Le impondrás un castigo, retirarás algún privilegio? El pensar de antemano cómo vas a manejar cierta situación, te dará un plan para no actuar sin pensar y dejándote llevar por el enojo. Decide qué es lo que te funciona mejor según la edad y la motivación de tu hijo. Además de tener un plan, te ayuda a tener confianza en ti misma.

Una vez hecho el plan, coméntalo con tu hijo, adecuándolo a la edad que tenga. Que él esté enterado de lo que sucede. Es tan simple como anunciarle la nueva regla: “José: de ahora en adelante, si apagas el televisor a la hora que tenemos acordada, mañana tendrás el mismo tiempo para verla”. Si tu estrategia incluye dar a tu hijo una advertencia antes de imponer la consecuencia, asegúrate de decírselo: “Sandra, está es la última advertencia”.

Mantener el plan

Aquí viene la parte difícil –mantener el plan permaneciendo fuerte-. Ante ruegos, llantos o quejas de tu hijo, no decaigas y nunca digas: “está bien, pero sólo por ésta vez”. Tienes que ser más madura que tu hijo, no olvides que el adulto eres tú. Cuando empieces a ignorar sus demandas, es lógico esperar que la actitud de tu hijo empeore. Tratará hasta el cansancio de encontrar tu reacción, aquélla que le falta. Pero se dará por vencido cuando vea que no puede alterar la respuesta del adulto. Si tú te convences a ti misma que lo estás haciendo por su bien y para que le sirva a lo largo de toda su vida, obtendrás resultados. Así que sé paciente.

Es aconsejable que tengas registrado hasta los más mínimos avances de tu hijo. Apunta en un papel los episodios en los que veas mejoría y pégalo en la puerta del refrigerador. Por ejemplo, si en vez de hacer cinco berrinches al día, tu hijo hizo tres…reconoce su esfuerzo. Es importante que veas cualquier pequeña victoria, que es real, pero que generalmente pasaría desapercibida dentro de tu percepción.

No dramatizar

Ponerte furiosa puede hacerte sentir satisfecha en el momento, pero eso no logrará que tu hijo te ponga más atención. De hecho, puede desviar tu estrategia y será más factible que tu castigo sea poco efectivo. Finalmente el enojo solamente crea tensión en el hogar y esto dará lugar a mayores faltas de conducta. Así que piensa bien antes de regañar a tu hijo. No temas retirarte por un momento si crees que tu reacción va a ser desproporcionada. Puedes decir: “Me voy a salir de la recámara por un momento. Volveré cuando me sienta mejor y podamos hablar al respecto”.

Recuerda que tu esfuerzo debe centrarse en reforzar el comportamiento positivo en tu hijo. Por ejemplo, si tu hija te interrumpe constantemente en el teléfono, pero en una ocasión no lo hace, reconoce su acierto y dile que te sientes orgullosa de ella. Verás que de ahí en adelante no te interrumpirá y esperará a que acabes tu conversación…todo para esperar tu reconocimiento y aprobación. Con medidas como ésta, verás que los problemas poco a poco irán desapareciendo.

De cualquier manera imagina tu vida sin pleitos ni berrinches. Centra toda tu energía en divertirte al lado de tus hijos. Si piensas positivamente podrás ir manejando la ira, las discusiones y las suplicas, que generalmente provocan tensión en los padres. Resistiendo a ese tipo de demandas estarás construyendo hábitos invaluables y tu hijo sabrá que lo que dices va en serio. Esto se traduce en una inversión para mantener la armonía y la paz dentro de la estructura familiar y la recompensa será inmensa.

Al imponer consecuencias recuerda:

    1. Se precisa: los castigos poco severos y aplicables son mucho más efectivos que los duros y prolongados, que provocan que tu hijo se centre en su enojo en lugar de su comportamiento. Si tu hijo deja un tiradero en la cocina al prepararse un bocado, pedirle que recoja en ese momento, es mucho más razonable que prohibirle prepararse algo de comer por una semana.
    1. Ofrece esperanza: Toma los pasos necesarios para asegurar un buen comportamiento durante la disciplina impuesta ofreciendo incentivos: “Si logras quedarte en tu cuarto en calma por unos minutos, podrás salir y reincorporarte al juego”.
  1. Céntrate en el ofensor: No te castigues a ti misma y a los otros junto con el niño que tuvo un mal comportamiento, cancelando, por ejemplo, el paseo familiar planeado para el próximo fin de semana.