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Malcriado… ¿no?

Malcriado… ¿no?

En alguna ocasión has visto escenas de niños tirándose al piso porque no les compran lo que quieren en ese momento o bien los que pegan a niños y adultos o maltratan muebles…ves a los padres y piensas que tú ya hubieras puesto orden si se tratara de los tuyos.

Sorpresivamente un día verás frente a ti a tu precioso bebé en un berrinche y sentirás que no puedes hacer mucho frente a la situación. No te sientas mal porque todos los niños pasan por eventos y problemas de conducta en diferentes etapas de su vida.

Dejar a los niños hacer lo que quieran es fácil y cómodo, lo difícil es disciplinarlos y ser constantes con las reglas establecidas.

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Existe el temor de criar niños consentidos y tiranos cuando somos padres permisivos y por el otro criarlos miedosos, tímidos y tristes. El justo medio es lo que idealmente deberíamos como padres lograr: niños respetuosos, amorosos y correctos. Niños felices, juguetones y abiertos.

 

LO BÁSICO

Existen principios básicos para disciplinar, avalados por expertos en la materia.

Responsabilidad. Todos en casa tienen responsabilidades y ayudan. Un bebé ayuda a dejarse vestir, por ejemplo.

Respeto. Enseña a tus hijos con el ejemplo. Cuando esté hablando, no lo interrumpas, ponle atención y escucha.

Constancia. Firmeza y constancia en las tareas es la labor de los padres.Es muy importante exigir a los niños alguna tares en casa.

Justicia. No tengas temor de decepcionar a tu pequeño al exigirle que comparta un juguete o a que se sienta frustrado cuando le dices que no. Todos los niños deben experimentar estas

situaciones y aprender a salir emocionalmente de ellas. Por otro lado entender que la vida no siempre es justa y en ocasiones la razón se la dan a otros.

8 recomendaciones que facilitan la disciplina

desarrollo-cognitivo-del-ninoDale cariño y atención

Es importante considerar, si se trata de un bebé de menos de un año, que aunque creas que te está “midiedo” para saber hasta dónde puede llegar cuando te llama para que lo cargues, por ejemplo, no es así. Al hacerle caso al bebé, no lo estás malcriando, ni consistiendo y no es tiempo de ponerle límites todavía. Dale atención y cariño. Ayúdalo a ser una personita equilibrada.

El confía en sus padres y comprueba que siempre que los busca y les llama, ustedes están con él.

Poco a poco el bebé estará menos ansioso y se sentirá más seguro.
Cuando tengas que poner límites, más adelante, confiará en que son para su bien y no tienen que ver con que no lo quieras.

Es común que tu bebé llore y otras personas te recomienden que lo dejes llorar, pero su llanto es la forma en la que te quiere decir algo. Levántalo, mécelo, dale nuevamente de comer, él necesita saber que estás ahí para lo que necesite.

Acción – Reacción

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Entre los 6 meses y el año y medio se te presentarán eventos que no tienen que ver tampoco con malcrío. Los bebés aprenden muchas cosas como acción-reacción. Un ejemplo es cuando tiran la comida desde su sillita para ver qué es lo que sucede. No saben que se ensucia, ni tampoco saben que eso te enoja muchísimo.

En estos casos lo mejor será retirar las cosas y no permitirlo, pero no te molestes.

Cuando esto sucede lo mejor es sustituir el objeto por otra cosa para distraer su atención. Tu labor como mamá es hacerle entender poco a poco que hay comportamientos que no son correctos. Si tu bebé por ejemplo jala y muerde tu collar, retíralo de sus manos y dale algo que sí pueda morder.

 Refuerza las conductas buenas

Cuando ya tiene tu bebé noción de ciertas cosas y se porta bien – al año más o menos- entonces refuerza lo bueno en lugar de llamar la atención hacia lo malo. Recompensar es lo indicado. Puedes ofrecer leer o cantar en la cama si tu pequeño ha hecho algo positivo.

Aprovecha la ayuda                                                                                                                                                                                           

Permite que los niños ayuden de acuerdo a su edad. Inculca en ellos el sentido de ayuda que tienen naturalmente. Permítele participar en la casa, Enséñalo a hacer cosas sencillas como poner la mesa, retirar los manteles, recoger las boronas del suelo con la ayuda de una escoba pequeñita, etcétera. De alguna forma estás enseñando a cooperar y desmotivas las rabietas y berrinches. Si los niños sienten que ayudan se sienten importantes y reaccionan como “adultos”. Asígnales una tarea y diles lo importante que es realizarla.

Haz equipo con él

Aprende a distinguir cuando el bebé, pasado el primer año, quiere hacer travesuras, haciendo intencionalmente cosas que sabe que no están hablar-en-positivo-a-los-ninos-como-hacerlobien. Si el bebé te ve con carita sonriente y luego avienta algo, está haciéndolo propositivamente. Pídele que recoja lo que aventó y que juntos lo pongan donde pertenece. Al hacerlo verbalízalo.

 Comunícate a su nivel

Si a los niños les hablamos a su nivel, nos entienden más fácilmente que si nos desesperamos y les hablamos de adulto a niño. Recuerda que debes repetir y hablar con frases cortas. Exprésate con lenguaje corporal y será todavía mejor entendido.
Si tu niño le quita un juguete a otro niño, tranquilízalo reconociendo su emoción y repítele lo que él quiere: “¿Quieres este juguete verdad?” Cuando se tranquilice continua diciéndole que este juguete es de otro niño y él no puede tomarlo y pásalo al niño…

Ayúdalo a controlarse

Entre los expertos se dice que los niños entre uno y dos y medio años no saben controlar sus emociones, razón por la que hacen rabietas cuando algo no les parece o quieren algo.
Lo primero es que el niño se tranquilice. Abrázalo si lo permite. Deja que se calme y luego habla con él. Emocionalmente estará irritado por lo que no será el mejor momento para hablar. Deja que pase un tiempo y entonces cuéntale nuevamente lo que sucedió para que entienda por qué le llamas la atención. Tienes que ser firme cuando le pidas algo y aunque haya tenido una rabieta, debe obedecer. Si se repite la escena, vuelve a repetir el remedio.

Atiende a su negativa

Pasado el primer año del bebé empieza a repetir en automático la palabra “No” imitando la negatividad de sus padres cuando hace o toca algo que no debe. Lo mejor que puedes hacer es atenderlo cuando lo repita. Si lo sientas a comer y te dice “No” déjalo un rato y nuevamente pregúntale. Poco a poco cederá y querrá sentarse a comer y descubrirá que la palabra “No” tiene valor.

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