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La cuidadora del bebé

La cuidadora del bebé

Por: Sharon Rapoport

Frecuentemente, las madres contemplamos con aprehensión el día en que tendremos que dejar al bebé al cuidado de otra persona para regresar a la oficina, o para realizar otras actividades fuera de casa. Muchas mujeres dependemos de la ayuda de nanas o cuidadoras, que atienden a nuestros hijos mientras estamos ausentes. Los expertos están de acuerdo en que para un bebé, el cuidado en su propia casa es lo óptimo, ya que puede permanecer en su ambiente, tener la atención exclusiva de la cuidadora y en situaciones ideales, formar un vínculo con ella, lo que le ayudará a desarrollar una seguridad básica durante el primer año de vida.

Sin embargo la ansiedad experimentada por las madres tiene su fundamento, entre otras razones, en la inhabilidad de un niño pequeño para relatar lo que sucede cuando ella se ausenta. Los tan difundidos videos de la “nana golpeadora” no han sido muy útiles para apaciguar estas preocupaciones. Pero, lejos de caer en actitudes paranoicas, es importante ser cautelosos. Además, todas quisiéramos asegurarnos de que nuestros hijos estén en manos de personas responsables, que los atiendan adecuadamente y que sepan qué pasos seguir en caso de una emergencia.

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Realizar un proceso concienzudo de selección y entrenamiento no nos libera de la posibilidad de hacer una elección equivocada, pero al menos nos proporciona mayor tranquilidad. Utiliza como guía las siguientes recomendaciones, pero sobre todo, emplea tu intuición y sentido común. Ello les facilitará a todos los involucrados –el bebé, la cuidadora y tú-, el proceso de transición.

La entrevista

Al conocer a la nana, es importante estar alerta y tratar de evaluar su nivel de experiencia y carácter. Entre las preguntas pertinentes que debes de hacer están:

  • ¿Tienes hijos? Ello puede ser favorable, pues se trata de una persona acostumbrada a los niños y con experiencia. Trata de determinar si el cuidado de sus propios hijos podría comprometer su disponibilidad para el trabajo.
  • ¿Cuál fue tu empleo anterior y porqué lo dejaste? Es indispensable pedir referencias de los empleos anteriores y hablar los antiguos empleadores, mencionando específicamente que estás considerando dejar a esta persona al cuidado de tu hijo. Si la persona no tiene experiencia anterior, pide referencias a maestros o familiares y toma sus datos. Aclárale que necesitarás copias de documentos en que constate su identidad.
  • ¿Por cuánto tiempo piensas trabajar? Inclínate por personas que puedan hacer un compromiso a largo plazo. Para el niño es mejor una figura constante, con quien puede formar un vínculo, que enfrentarse a una nueva nana cada mes.
  • Considera la edad y nivel de energía. Las personas mayores tienen la ventaja de la experiencia, y pueden ser muy pacientes, pero quizá no tengan la energía para jugar con un niño activo. Trata de percibir si se trata de una persona amable, flexible, “apapachadora”, y si su presencia en general es agradable.
  • ¿Tienes problemas de salud? Tu candidata debe gozar de buena salud en general, y exhibir señales de higiene personal adecuada, tanto por el trabajo como por tu hijo.

Capacitando a quien cuidará del bebé

Durante la enseñanza, es necesario establecer que tu prioridad es el bienestar del bebé, y para la cuidadora también debe ser así. Si es posible, trata de que la cuidadora y el bebé pasen tiempo juntos antes de dejarlos solos por primera vez. De esa forma, se irán conociendo poco a poco.

La estrategia ideal para entrenar a la cuidadora al tiempo que ganamos confianza en ella, consiste en permitir que ella te acompañe mientras observa la forma en que cuidas, disciplinas y tratas al niño. Dependiendo del grado de experiencia de la cuidadora, tendrás que dar explicaciones acerca de las técnicas de cuidado del bebé o limitarte a tus preferencias o necesidades específicas (por ejemplo: “Sólo toma leche de soya”). Permite que la cuidadora se haga cargo de un número creciente de tareas mientras la observas o permaneces cerca. Así podrás darte cuenta de su estilo y decidir con mayor seguridad en qué momento está lista para quedarse sola con el bebé. Procura que tus primeras salidas sean cortas, un par de horas cuando mucho, y amplía su duración poco a poco.

Deja siempre a la mano un número de teléfono donde te pueda localizar, así como el número de emergencia del pediatra y de tu esposo o algún pariente de quien puedas depender. Otros aspectos que debes resaltar durante el entrenamiento:

  • Seguridad. Inscribe a la cuidadora en un curso de primeros auxilios para bebés y niños (muchos hospitales y profesionistas independientes los ofrecen), además de pedirle que lea la información que tienes al respecto. No des por sentado que la cuidadora conoce todas las reglas de seguridad que son obvias para ti. Repítelas cuantas veces te parezca necesario, explicando la razón de su importancia. Si la cuidadora pasa por alto o ignora tus instrucciones en este renglón –repetidas veces o en la primera ocasión, dependiendo de la situación- es mejor suplantarla.
  • Establece límites. Se clara en cuanto a las tareas que quedan fuera del rango de responsabilidades de la cuidadora –quizá prefieras bañar al bebé o que no lo saque a pasear a la calle-. Se clara en cuanto a los métodos de disciplina que están fuera de los límites de la cuidadora. Como regla general, la cuidadora no debe propinar castigos físicos (nalgadas o manazos) al niño o bebé, entre otras razones, porque existe una línea muy fina entre la ocasional nalgada correctiva y los golpes abusivos, y no estarás ahí para constatar lo que sucedió.
  • Explica la forma en que prefieres que se dirija al niño. Explica tu filosofía personal en cuanto a la manera de dirigirse y tratar a los niños: -Procuramos hacerlo con respeto. No nos gusta que crean en personajes que les asusten, como “el Coco”-. No te preocupes por ser demasiado enfática en estas cuestiones. Tu hijo es tu posesión más preciada. Si ella no puede entenderlo, no es la persona adecuada para cuidar de él.

¿Cómo saber si está funcionando?

Utiliza los siguientes indicadores y técnicas:

  • La reacción de tu bebé. Un cambio inicial en la conducta del bebé es normal. En primer lugar, se está acostumbrando a un tipo de cuidado distinto. En segundo lugar, puede percibir el estado de ánimo de sus padres (su preocupación o cansancio relativos al regreso al trabajo o a la nueva cuidadora). Pero después de una o dos semanas, la conducta del bebé debe volver a la normalidad. Si se aferra a ti en situaciones en que antes no lo hacía, se vuelve agresivo, iracundo, triste o pierde su “chispa”, algo podría estar mal. Quizá sea buena idea cambiar de cuidadora o repensar si es el momento adecuado para volver al trabajo.
  • Lee las señales de la cuidadora. ¿Parece estar disfrutando al bebé? Es normal que después de pasar todo un día con el bebé la cuidadora esté cansada, pero si cuando llegas a casa te encuentras a una persona tensa, exhausta, irritable o que parece no poder esperar para liberarse del niño, estás frente a una señal de alerta. Por otro lado, si el bebé y la cuidadora muestran signos de una convivencia agradable, puedes dormir más tranquila.
  • Busca signos de que el bebé está bien atendido. Además del estado emocional del bebé, existen otras evidencias de un buen trabajo. Si el bebé desarrolla rozaduras de pañal y antes no lo hacía, quizá sus pañales no se cambian con frecuencia suficiente. Puedes darte cuenta de que al bebé se le dejó llorar hasta que se durmiera, si despierta con los ojos sumamente irritados o hinchados. Pero para ser justa, considera si hay otra razón para estos cambios.
  • Realiza visitas de supervisión. Periódicamente, llega temprano, sin anunciarte. Sin utilizar una cámara de video o grabadora escondida, estos chequeos sorpresivos pueden darte mucha información acerca de lo que pasa cuando no estás. A medida que la cuidadora gane tu confianza, este tipo de vigilancia será menos necesaria, las supervisiones esporádicas refuerzan el mensaje de que esperas que tome en serio su responsabilidad.
  • Pide a vecinos y parientes su ayuda. Informa a amigos, vecinos y parientes respecto a la situación, y dígales que si observan algo que les parezca fuera de lugar, te lo reporten inmediatamente.
  • Tu intuición. No la desdeñes. Trata de determinar si tu corazonada tiene fundamentos, o se trata de falta de comunicación o simpatía entre la cuidadora y tú.

Alternativas

En ocasiones, parecería que la cuidadora ideal es imposible de encontrar o que el entrenamiento y supervisión son tareas demasiado problemáticas. En otros, la personalidad o estilo de vida de la familia no encaja con este tipo de cuidado. En estos casos, es importante reconsiderar otras opciones disponibles, tales como las guarderías. En una guardería de calidad, encontrarás personas preparadas, con experiencia en el cuidado de los niños, y que además, se preocupan por estimularles. Evidentemente, tu hijo no tendrá atención exclusiva, pero tampoco estará sólo con una persona incompetente, o de la que desconfías.