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Infidelidad: cómo tratarla con los niños

Infidelidad: cómo tratarla con los niños

¡Qué tema tan fuerte! Por eso nos pareció importante abordarlo. Entrevistamos al Psicoanalista Manuel Mariano Hernández García, Director General DESCÜBRIÉNDOTE, para tener la mirada del experto al respecto. ¿Qué se les dice a los chavos? ¿Cómo tratarlo? ¿Qué tan frecuente es…? Comencemos por ahí.

Estadísticas acerca de la infidelidad en México

En México la mitad de las personas infieles prefieren serlo con un amigo; de estos, 71% es padre de familia, de entre 33 y 45 años de edad. Este dato lo aporta una encuesta sobre Infidelidad en Latinoamérica realizada por la empresa consultora GFK México, Marketing y Comunicación Corporativa, que indica que de los mexicanos infieles, la mitad  de ellos lo hace con sus amistades, y el resto con un compañero de oficina.

Además, luego de la llamada “canita al aire” el 23% aceptó que sigue con su relación infiel al mismo tiempo que con su pareja formal. “El 49% reconoció ser infiel con un amigo o amiga; un 21% con un compañero de trabajo y un 17% lo hizo con una persona que conoció de manera casual en un antro, bar, o una fiesta, mientras que un 8% ha sido infiel con sexoservidoras”.

La edad donde se presenta en mayor medida la infidelidad es en el rango de 33 a 45 años, en donde 3 de cada 10 son infieles; seguidos de aquellos que están entre los 40 y 50, donde el porcentaje baja a 17. “Destacan como infieles quienes tienen hijos, pues según la encuesta, el 74% de quienes tienen hijos han sido infieles”.

Sin embargo, el que  los mexicanos se “den el permiso de echarse una canita al aire” no significa que el acto no les genere culpa, ya que 51% de los encuestados afirmó sentirse identificados con la frase “esto no me tendría que estar pasando”.

Ante una infidelidad, ¿cuál es el primer paso para enfrentarla?

El concepto de infidelidad es enredado por sí mismo, porque la definición varía de acuerdo a la persona, al sexo y a su cultura o creencias. Somos tan diferentes hombres y mujeres que no podemos evitar el hecho de que la moralidad, los valores, las costumbres y normas, estimulen a una persona a concebir este concepto de muchas formas incluso algunas de ellas muy subjetivas y que desde ese lugar regulen su conducta, pero también, sería un error, concebir una infidelidad desde estos aspectos sin reflexionar en aquellos agentes inconscientes que dan la pauta a una persona para consumar un quebrantamiento de esta naturaleza.

La infidelidad por definición, es “el rompimiento a un pacto de exclusividad sexual y emocional”, es un ataque muy fuerte al vínculo amoroso, no obstante lo anterior, la infidelidad también puede ser vista como “el síntoma de una crisis en pareja que no ha sabido manejarse”

En este sentido, el primer paso se podría subdividir en dos principalmente, el primero sería identificar de qué tipo de infidelidad estamos hablando, esto es, ¿fue una infidelidad de una ocasión? o ¿fue una relación alterna? Y si la persona que incurrió en este acto muestra un arrepentimiento genuino y el deseo de reparar. Acto seguido se puede iniciar un proceso en donde ambos integrantes de la pareja se den a la tarea de identificar cuáles fueron las causas que los llevaron a entrar en este terreno. Lo anterior da pauta para poder tomar decisiones y definir el rumbo de la relación.

¿Cuándo se perdona y cuando no?

En mi opinión, siempre conviene perdonar una infidelidad. No obstante lo anterior, es importante aclarar que perdonar una infidelidad no significa necesariamente que la relación va a continuar. Una persona puede decir perdonar a su pareja por el daño que le hizo pero elegir terminar la relación, pero al perdonar se estará permitiendo el liberarse de todas esas emociones que están generando un dolor muy profundo en la persona engañada y que podrían (de no ser trabajadas y elaboradas) dejar una herida que dificulte el volver a confiar en los vínculos de pareja e incluso el que esa desconfianza termine depositada en nuevas parejas al punto de contaminarlas. De ahí la importancia de darse la oportunidad de explorar y tratar de entender desde dónde se dio la infidelidad, ya que eso da pauta para que cada integrante de la pareja se pueda hacer cargo de la parte que le toca.

Si la persona decide perdonar una infidelidad y continuar con su pareja, lo más recomendable es que acudan con un especialista que les ayude en el proceso de reconstruir y en su caso replantear las expectativas y acuerdos en la relación.

Una de las tareas centrales que se deben tener en cuenta cuando esto sucede es que la persona engañada se comprometa a ir trabajando en el proceso del perdón a fin de que en lo posible evite traer a colación el tema de la infidelidad en futuras peleas o discusiones. Y la persona que incurrió en el engaño, tendría que comprometerse con hechos o acciones muy claras a trabajar en recuperar la confianza de su pareja.

En este sentido, podemos decir que cuando una infidelidad ocurre como el resultado de una crisis en la pareja que no ha sabido manejarse y ambos integrantes están dispuestos a trabajar en la relación y aprender de lo ocurrido, el perdón es algo asequible. Cuando el integrante de la pareja que engañó no reconoce su falta o denota que podría volver a incurrir en una situación así, entonces lo más sano sería que la persona engañada trabaje para superar el dolor no solo de la infidelidad sino de la separación.

¿En qué momento es más sano separarse?

Hay algo que yo le llamo los límites en el amor, lo cual implica que cada persona defina para sí misma qué cosas está dispuesta a permitir o tolerar en una relación. Desde esa perspectiva hay algunos elementos que no podemos permitirnos nunca:

  1. el principal es atentar contra nuestra dignidad y nuestra integridad,
  2. el segundo es inmolarse en vida con el ánimo de hacer feliz a la pareja,
  3. el tercero, ir en contra de nuestros principios o valores para poder estar con la persona que se “ama”,
  4. el cuarto es cuando en la relación existen niveles de violencia o maltrato ya sea físico o psicológico y
  5. finalmente cuando existe una infidelidad en donde la pareja no asume su error o bien, cuando es una conducta reiterada en donde el mensaje es claro: no hay un respeto por la persona y mucho menos por el vínculo que se tiene.

Cuando uno de estos límites se rebasan, lo más sano es separarse ya que la base de un vínculo sano, adulto, maduro no existe. Es decir, ahí existe otra cosa, codependencia, miedo a la soledad o cualquier otra razón que no necesariamente tiene que ver con el amor.

¿Cómo se explica a los hijos la separación?

Las infidelidades suelen ocurrir en las relaciones de los adultos, pero cuando en las mismas están involucrados los hijos y ellos pueden sufrir mucho. Todo depende fundamentalmente del manejo que los adultos hagan del tema, pero también hay factores como la edad de los niños, la forma en que se enteran y otros datos que pueden influir significativamente.

Nuestros hijos no tienen por qué verse involucrados en nuestros problemas de pareja, al menos no debemos hacerlo nosotros en forma consciente y sería saludable que pudiéramos tratar de preservarlos, manteniendo la intimidad de estos temas en el ámbito de los adultos.

A los hijos el tema de la infidelidad y los engaños los puede afectar de diversas maneras y lo más frecuente es que la relación que mantienen con sus padres se vea afectada.

Los hijos pueden ver en la infidelidad una traición por parte de alguno de sus padres contra el otro y pueden concluir que esta es la forma de vincularse, con la consecuente fantasía que también ellos pueden ser engañados por sus padres o pueden esperar eso de sus futuras parejas.

Los padres sirven fundamentalmente como modelo para sus hijos y en este sentido también se suelen identificar con ellos, por eso es frecuente que la imagen de un padre o madre infiel se transmita a sus hijos. La identificación suele darse en forma positiva, queriendo ser como alguno de sus progenitores, o por la contraria, en forma negativa, en donde se rechaza abiertamente el modelo parental. Igualmente en ambos casos la experiencia de la infidelidad de los padres es algo que influye en la personalidad y las creencias de los hijos.

La edad de los hijos es un factor importante a tomar en cuenta, los niños pequeños pueden no entender claramente lo que está pasando aunque suelen percibir que algo está ocurriendo. A veces los padres cometen las infidelidades delante de sus hijos, otras veces hablan telefónicamente en su presencia o los hijos se enteran de alguna manera. En otras oportunidades los hijos se enteran por discusiones o peleas entre los padres que comienzan a echarse en cara acusaciones cruzadas, en donde refieren el tema de los engaños.

Si no se habló pero los niños se dan cuenta, ¿cómo manejarlo?

Si los hijos se enteran de una infidelidad ya sea del padre o de la madre y el cónyuge no está al tanto, es frecuentemente que ellos sientan que están traicionando al progenitor engañado, porque se le juegan sentimientos contrapuestos de lealtad para con su mamá o papá. Suelen sentir ganas de hablar para poner sobre aviso al padre engañado pero también temor de dejar en evidencia al infiel y que la pareja se pelee o se separe por su culpa. Estos sentimientos contradictorios en los chicos pueden generar problemas serios.

Si hubiera que contarles porque se enteraron de algo, es mucho mejor hacerlo nosotros directamente, sin mentiras ni rodeos, pero tratando de responder lo que los chicos preguntan, transmitiéndoles lo que estén en condiciones de entender y asimilar de acuerdo a su edad.

También hay que tomar en cuenta al hablar con ellos, los rasgos de personalidad de cada uno, ya que hay chicos muy sensibles, con ellos será conveniente ser mucho más cuidadosos que quizás con otros que sean más fuertes o independientes.

Cuando de alguna manera estas infidelidades o engaños se hicieron públicos o ellos se enteraron, es importante que se les pueda hablar del tema. Las charlas tendrán que ser honestas, es bueno que nosotros como adultos les expresemos lo que sentimos por ellos, ya que pueden empezar a tener dudas respecto del amor que uno/a les tiene y también suelen tener desconfianza por lo sucedido.

La importancia de hablar con ellos y generar el espacio para escucharlos en estas situaciones es clave ya que permitirá aclarar las dudas, despejar los fantasmas que puedan tener, como asimismo dejar que manifiesten sus miedos e inseguridades de una manera más sana.

En algunos casos cuando no tienen esta posibilidad de decir lo que les pasa comienzan a expresarlo de formas sintomáticas tales como problemas de conducta, regresiones, oposicionismo, dolores de cabeza, de estómago, accidentes o peleas recurrentes, gripes a repetición, problemas escolares, etc. Esto le puede ocurrir tanto a niños, como adolescentes y también a adultos, todo depende como sea la vivencia de cada hijo, la forma en que se enteran, el grado de la infidelidad, etc.

¿Qué tipo de terapia se recomienda para la pareja engañada y para los hijos?

Cada línea de pensamiento psicoterapéutico tiene un enfoque que nos permite pensar el tema de la fidelidad y la infidelidad en las relaciones de pareja. Por ejemplo, desde el psicoanálisis (que es mi línea de formación), se entiende a la infidelidad como una repetición de la etapa edípica, es decir, si el Complejo de Edipo no fue resuelto por el niño, este, por decirlo de alguna manera, tenderá a repetir de manera inconsciente lo que en esta etapa no se pudo resolver.

Desde la terapia Cognitiva, el acento está puesto básicamente en las creencias que las personas sostienen respecto de lo que implica estar en pareja, ser fiel y engañar a alguien. El trabajo clínico está orientado fundamentalmente a identificar, revisar y cambiar las creencias disfuncionales respecto del tema. En los últimos años algunos terapeutas cognitivos le han prestado más atención a los procesos comunicacionales que se dan en las parejas, llegando a proponer modelos de intervención específicos para parejas que tienen problemas de infidelidad.

El enfoque Sistémico, si bien toma también en cuenta las creencias, pone su acento en cómo se dan las interacciones entre los integrantes de la pareja y la familia. Se trabaja también con los patrones comunicacionales y los modelos parentales que se actualizan en la nueva relación.

Otro aspecto importante es el momento vital en donde la infidelidad aparece y como ésta suele tener un sentido particular o comunicacional para cada pareja que debe ser explicitado.

En este sentido podemos decir que el asunto no necesariamente tendría que ver con el tipo de terapia sino con el hecho de darse la oportunidad de trabajar todo lo que este evento generó en la persona o bien, en este caso, en los niños.

¿Y qué pasa cuando el papá decide irse a vivir con la mujer con la que engañó y hasta casarse con ella?

Hay un especialista que dice una frase más o menos así: “Casarse con la amante, es como echarle sal al postre”, la cual nos deja saber que es muy posible que una relación que surge producto de una infidelidad tiene muy pocas probabilidades de sobrevivir. Incluso existe una estadística que señala que este tipo de relaciones no suelen superar la barrera de los dos años.

En mi experiencia cuando el papá o la mamá que deciden irse a vivir con su amante no llegan a tener conciencia o dimensión del daño que pueden llegar a generar en sus hijos, ya que de alguna manera están inmersos en un proceso en donde están cegados porque están bajo el influjo del enamoramiento.

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