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Gastritis infantil

Gastritis infantil

 

Por: Blanca Saint Martín

Cada vez aumenta más el número de casos de gastritis en niños. La gastritis es la inflamación de la capa mucosa del estómago. Esta inflamación puede ser causada por la presencia de una bacteria conocida como Helicobacter pylori, la cual se transmite a través de alimentos contaminados.

Pero independientemente de esta causa, la gastritis también se genera por estrés, sí, estrés que puede presentarse en niños. Otras causas comunes de la enfermedad son la indigestión, el consumo rápido de alimentos, la poca masticación, una excesiva ingestión de grasas, irritantes, condimentos, chile y bebidas gaseosas y en ocasiones, también se presenta en niños con alergias alimentarias. (1)

¿Cuántos tipos de gastritis existen?

Básicamente son dos: las gastritis aguda y la crónica.

Gastritis aguda: Es la irritación temporal de la mucosa gástrica y se manifiesta por náuseas, vómito, malestar general, anorexia (falta de apetito), dolor de cabeza, dolor generalizado y, en casos extremos, sangrado o hemorragia.

Gastritis crónica: Es la irritación permanente de la mucosa gástrica. Los síntomas son similares, lo que varía en este caso es que la lesión es de más largo plazo. Generalmente, este tipo de gastritis es el que se asocia directamente con Helicobacter pylori o a lesiones orgánicas como el cáncer de estómago, poco frecuente en niños.

Con base en la descripción anterior, el tipo de gastritis más frecuente en niños es la aguda.

¿Cómo actúa el estrés en la producción de gastritis infantil?

En la actualidad, los niños se encuentran más expuestos a los cambios en la situación familiar y el ambiente que los rodea. Es decir, ahora son partícipes de la dinámica familiar que involucra las preocupaciones de los padres sobre el trabajo, la capacidad económica y su relación en pareja. Debido a ello, es frecuente que los niños manifiesten a su vez la preocupación de lo que sucede en casa. A veces, también el ambiente escolar y la presión que se ejerce para que destaquen en sus actividades pueden contribuir a desarrollar estrés en las primeras etapas de la vida.

¿Cómo influye la forma de comer en el desarrollo de gastritis infantil?

La alimentación es un elemento clave en el desarrollo de gastritis no sólo en niños, sino en cualquier persona. Las preparaciones muy grasosas, exageradas en su contenido de irritantes (condimentos, chile, limón), la ingestión elevada de bebidas gaseosas, son condicionantes de la gastritis. Cabe mencionar que los niños actualmente consumen grandes cantidades de dulces con chile y cubiertos con productos que irritan la mucosa gástrica de manera importante. Si a esto aunamos el hecho de que las botanas que acostumbran son ricas en grasa y habitualmente se les adiciona salsa picante, el problema es mayor.

Ahora bien, no sólo el tipo de alimentos interviene en la producción de la enfermedad, también el desorden en los horarios de alimentación, comer de manera acelerada y masticar rápidamente, pueden desencadenar la aparición de gastritis.

¿Cómo puedo saber si mi hijo padece gastritis?

Si se queja constantemente de indigestión y dolor de estómago, si observa hábitos alimentarios incorrectos y consume de manera excesiva los alimentos y productos descritos con anterioridad, debes tener cuidado porque es muy posible que tu hijo padezca gastritis o está en vías de padecerla.

Es importante también que evalúes si el ambiente familiar es adecuado, si su situación escolar y su forma de relacionarse con sus compañeros son armónicas, es decir, que no le causen preocupación que en extremo estresen a tu hijo.

Por otra parte, si algún integrante de la familia ha sido diagnosticado con Helicobacter pylori, es importante que los demás miembros sean evaluados para descartar la presencia de la bacteria en su organismo.

¿Qué debo hacer si mi hijo padece gastritis?

En caso de un diagnóstico positivo, es importante que sigas las indicaciones del pediatra en cuanto al tipo y cantidad de medicamentos que tu hijo debe ingerir. Por otra parte, asesórate muy bien en el tipo de alimentación que debes de ofrecer a tu hijo durante un cuadro agudo.

Generalmente, se recomienda que coma en horarios regulares, comidas ligeras, preparadas con poca grasa (prefiriendo las técnicas culinarias como el horneado, el asado o la cocción al vapor); por supuesto, debes evitar darle bebidas gaseosas y alimentos con salsas picantes e irritantes.

Anteriormente, el tratamiento de la gastritis se acompañaba de una dieta basada en lácteos. Actualmente se sabe que una ingestión elevada de estos productos alivian el malestar temporalmente pero, después de unas horas, se agrava la acidez gástrica, lo que inflama más el estómago. Los lácteos deben estar presentes en la dieta de tu hijo pero con moderación. Dos a tres raciones de leche y sus derivados son suficientes para controlar la enfermedad y alimentar correctamente a tu hijo.

¿Cómo puedo prevenir la gastritis infantil?

A continuación te sugerimos una serie de tips para prevenir el desarrollo de gastritis infantil.

 Alimentación

  • Procura que el consumo de alimentos sea en casa y en horarios establecidos. De esta manera controlas la calidad e higiene de las preparaciones, así como el orden de las comidas, para evitar periodos de ayuno prolongados o comidas muy abundantes en grasas y condimentos. Con esta medida también evitas el exponerlos a alimentos contaminados con Helicobacter pylori.
  • Destina un tiempo especial para cada comida. Trata de que la familia se reúna con tiempo a tomar los alimentos, para que mastiquen correctamente y logren una buena digestión.
  • Evita que tus hijos consuman bebidas gaseosas. Emplea agua natural con frutas y modera la cantidad de azúcar con la que endulces la preparación.
  • No habitúes a tus hijos a comer golosinas con chile o irritantes. Si lo hacen, trata que sea de manera esporádica y limita el número de dulces con estas características.
  • Evita que añadan salsa picante en exceso a diversas preparaciones o botanas.

Ambiente familiar

  • Debes evitar que tu hijo escuche, participe o se entere de las discusiones en pareja. No sabes el daño que puedes causarles si forman parte de ellas.
  • Trata de que tu hijo tenga su propio espacio, que no luche por cuidar sus juguetes o por “ganar territorio”. Esto sucede sobre todo cuando son varios hermanos y pelean por juguetes, comida o programas de TV. Evítales los ambientes hostiles, ya que su manera de manifestar insatisfacción puede ser con enojo, frustración o ansiedad.
  • Si hay una situación económica difícil, no lo transmitas a tus hijos. Generalmente los niños se angustian y sufren cuando ven que la estabilidad familiar está alterada.
  • Si detectas que alguna situación en particular afecta directamente el estado emocional de tu hijo, trata de averiguar la razón y posteriormente habla con él para saber los motivos de su temor y tratar de reforzarle la confianza en sí mismo.

El ambiente escolar

  • No exijas un rendimiento exagerado en la escuela. No sometas a tu hijo al estrés de tener que ser siempre el “primero en todo”. Cada niño aprende y se desempeña de manera individual, por lo que debes de reconocer las capacidades de tu hijo y ayudarlo a ser eficiente, pero sin presionarlo demasiado
  • Establece una buena comunicación con tu hijo para que adquiera confianza en sí mismo, evitando que los exámenes y las evaluaciones escolares se conviertan en un martirio o un motivo de nerviosismo excesivo.
  • Si hay alguna actividad escolar que no desee hacer o que le cause temor o angustia, habla con sus profesores para que juntos detecten el problema y ayuden a tu hijo.

La gastritis, como muchas enfermedades, se origina a partir de varios factores. En el caso de este padecimiento, debes estar pendiente de una alimentación adecuada y de un ambiente tanto familiar como escolar favorable para tu hijo. Una buena comunicación y la confianza que generes en él evitarán no sólo el desarrollo de este trastorno, sino que promoverán una mejor calidad de vida de todos los integrantes de tu familia.

Referencia_ (1) Mahan & Escott-Stump. Krause’s Food Nutrition and Diet Therapy. 9th edition. Ed Saunders. 1996. Pp.601-602.