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Formando niños con valores

Formando niños con valores

Por:  Laura Espinosa

Aunque muchas de nuestras reacciones son innatas, como el sonreír o el llorar, debemos saber que la moral no lo es. El que nosotros podamos distinguir conscientemente entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal, sólo nace con la enseñanza directa de la educación moral.

Muchas veces las personas, y sobre todo los niños, al ser espontáneos actúan con bondad. Como por ejemplo Luis, de cinco años, que cuando regresa de la fiesta con una bolsa enorme, su madre le pregunta qué tanto lleva ahí y él responde: “Es que mi hermano no pudo ir a la fiesta, entonces le guardé un pedazo de pastel y unos dulces”.

Todo lo que es espontáneo tiende al bien, pero no siempre se puede asegurar que vamos a alcanzar lo bueno dejando que fluya la espontaneidad, porque a veces predomina el deseo de imponer lo propio a costa de la convivencia respetuosa con los otros. De ahí que hace mucha falta que los padres, antes que nadie, y después los educadores y maestros, orienten a los niños en cuanto a la moral y les señalen sus habilidades para así fortalecerlas.

¿Cómo imparten los papás educación moral a sus hijos?

Existen estrategias diversas, pero primero que nada los padres deben ofrecer modelos de conducta a sus hijos. Y luego, en el afán de ir formando la parte moral, pueden ayudar al niño a identificar sus emociones, además de elogiarlo cada vez que se pueda y conversar, es decir, comunicarse.

  1. Sé modelo de conducta: Recuerda que tú eres el espejo donde tu hijo se refleja y eres su ejemplo máximo de conducta. Si quieres que hable con la verdad, empieza por dejar de decir mentiras tú. Si quieres que sea educado y respetuoso con los demás, tienes que hacer lo mismo. Para que tu hijo, por ejemplo, aprenda a ser ordenado, dale un ejemplo cuidando tus pertenencias, recogiendo los libros, guardando la ropa, etc. y además puedes dejarlo que participe en dichas tareas. En conclusión, si deseas que tu hijo muestre compasión, empatía, responsabilidad, debes personificar esos valores tú mismo.
  1. Identifica las emociones: Existe un fuerte vínculo entre las emociones y la moral. Las emociones sirven como puntos de referencia indispensables para el buen juicio y el comportamiento adecuado. Pero tienes que ayudar a tu hijo a identificar lo que siente, pues esto no sucede de forma natural. Una manera es dejándole saber que comprendes lo que está sintiendo, por ejemplo: “Entiendo que te da tristeza salirte de la fiesta, pero debemos irnos”. De esta forma, le estás ayudando a identificar lo que siente y a reconocerlo. Cuando el niño distingue y expresa la variedad de emociones, desde la alegría, hasta el enojo, la tristeza, la ira…ha dado el primer paso hacia la empatía. Una vez que se entienda a sí mismo y comprenda sus sentimientos, podrá llevarlos más allá y entender a los demás, cultivando la compasión.
  1. Elógialo: Halaga a tu hijo cada vez que puedas, cuando dice gracias, cuando actúa responsablemente, cuando tiene una actitud honesta o compasiva, como cuidar o ayudar a un niño pequeño. Las personas en general respondemos mejor al elogio que al castigo. Además trata de limitar los regaños, evita los insultos y la exigencia desmedida, recuerda que esto provoca agresión y rebeldía. Si tú lo elogias constantemente y reconoces sus aciertos, estarás fomentando la tendencia a repetir conductas adecuadas.
  1. Conversen: Aunque no lo creas, los niños preescolares pueden participar en una conversación razonada acerca de cualquier dilema común, a esa edad ya saben reconocer muchos conceptos morales, como la responsabilidad y la amabilidad. Si hablas con ellos, reconociendo su capacidad para entender y para expresar los problemas, podrás descubrir muchas cosas e irás dando forma a un sistema sólido de valores. Por ejemplo, “Me dijiste que José golpeó a otro niño en el recreo, ¿crees que estuvo mal lo que hizo?, ¿por qué?”… Dentro de esa conversación puedes hablarle de la importancia de actuar correctamente, pero no olvides mencionar que todos somos imperfectos y lo importante que es rectificar y volver a empezar. La aceptación sincera de tus propios errores envía a tu hijo un mensaje claro del valor de la sinceridad y de que tú, como él y como todos, tratamos de corregir nuestras faltas.

Valores firmes sin perder flexibilidad

El factor más importante en la enseñanza moral hacia los hijos es que nosotros mismos tengamos un marco de valores firme. Y no me refiero solamente a ser un modelo de conducta, sino a lo que verdaderamente somos como padres y de nuestras creencias de fondo, es decir, a lo que queremos transmitir.

En la vida diaria no resulta tan fácil transmitir nuestro sentir y nuestros valores. Cuando esperamos que los seres queridos, sobre todo los hijos, deseen y sientan igual que nosotros, y esto no sucede, nos llega un tremendo desencanto. Ante esto, podemos elegir reaccionar con desapego, pero la falta de empatía sin duda va deteriorando las relaciones.

Otras veces tratamos de imponer nuestros enfoques y hacemos a un lado a quienes no nos entienden, pero hay que saber que cuando el bien se centra en el protagonismo y buscamos imponer nuestro sentir a como dé lugar, estamos perdiendo la oportunidad de entender otras maneras de ver y sentir los sucesos. Todos tenemos nuestros puntos de vista, nuestra manera de ir viviendo los acontecimientos y nuestros propios objetivos, pero entendamos que se puede ser flexible y que dichos objetivos se viven con doble intensidad al compartirlos, porque además su cumplimiento provoca alegría y estabilidad en todos los miembros de la familia. En cambio, cuando nuestro único fin es estar bien con uno mismo, a costa de lo que sea, normalmente nos envolvemos en una búsqueda de satisfacciones personales, perdiendo la capacidad de distinguir cuándo nuestras demandas personales son exageradas, y por ende, nunca llegamos a dar ayuda a los demás. Debemos darnos la oportunidad de ayudar y dejarnos ayudar, y además debemos ser flexibles dentro de nuestra formación y solicitar consejo oportuno.

No refuerces sus errores ni los justifiques

No cometamos el error de justificar los dichos o hechos indebidos de nuestros hijos. Acuérdate que los niños imitan y reproducen las conductas que ven en su hogar, así que no hay que cubrir o disculpar ninguna conducta reprobable, porque sólo estamos dándoles un mal ejemplo. Muchas veces, esta confusión llega a reproducir formas de vida incorrectas y a reprobar a quienes dan buen ejemplo, precisamente porque son testimonio de que se puede vivir con una moral firme.

Por otro lado, hay otro aspecto que afecta nuestro proceso como padres de formar niños con valores firmes y es la tendencia actual de buscar la comodidad a toda costa, de satisfacer nuestras necesidades a través de un mínimo esfuerzo. Pero como no siempre es posible lograrlo, se consigue la ayuda de otras personas, huyendo muchas veces de la responsabilidad propia. Así que enseñemos a nuestros hijos a luchar cada día para ser mejores personas, enfrentando sus propios tropiezos.

Recordemos que todo lo que hacemos deja en nosotros una predisposición para repetir ese acto con más facilidad, así que fomentemos las actitudes correctas en nuestros hijos y no reforcemos sus errores. De ahí la responsabilidad tan grande de fomentar el buen actuar y evitar lo contrario.

Crecemos gracias a ellos

Irónicamente, no solamente los niños van creciendo y formándose al lado de los adultos, nosotros mismos vamos aprendiendo muchas cosas gracias a ellos. Y es que los niños dan a los adultos la posibilidad de irse educando, ya que por ellos cada día tratamos de ser mejores y de que florezcan nuestras propias virtudes, como la tolerancia, la paciencia, el cariño, la empatía, el saber escuchar, negociar, etc. Al tener un hijo nos vemos obligados a revalorar nuestro sistema de creencias, a establecer prioridades en la vida y a tratar de mejorar nuestros defectos, lo que nos da un buen fundamento.

Además los niños brindan a los adultos la oportunidad para muchas cosas, nos enseñan a amar incondicionalmente, nos permiten regresar al juego y al uso de la imaginación, nos dan la capacidad de asombro, en fin. Los hijos hacen que nos cuestionemos en muchas ocasiones y nos permiten reflexionar sobre lo que debería ser evidente. Ellos nos dan lecciones, al mismo tiempo que nosotros les vamos enseñando infinidad de cosas. Así que aprovechemos la oportunidad para crecer juntos.

Limita los regaños, evita los insultos y la exigencia desmedida, esto provoca agresión y rebeldía.

Lectura recomendada: Love Works Like This: Moving From One Kind or Life to Another, de Lauren Slater