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Cariño y autoridad

Cariño y autoridad

UnknownEntre los tres y cuatro años, edad de la autoafirmación, los niños quieren demostrar quiénes son y salirse con la suya, cosa que a muchos padres desespera. Es el momento de ser firmes, pero siempre con amor.

Por: Laura Espinosa

 

Remarca lo positivo

Muchos papás sienten remordimiento porque regañan a sus hijos continuamente. Después de que un niño ha oído muchas veces ¡TE DIJE QUE NO HAGAS ESO! se puede sentir muy inseguro; esa forma de actuar puede influir de manera negativa en él. Se acostumbrará cada vez más a ver lo que no puede hacer, en lugar de percibir lo que sí está capacitado para hacer bien.

En lugar de recriminarle de forma continua sus malas acciones, debemos “darle la vuelta” al asunto y alabar la parte positiva de su comportamiento. Así lo estarás estimulando para hacer las cosas bien.

Autoridad, no autoritarismo

Toda educación requiere autoridad, una autoridad que no es autoritarismo, sino la capacidad de garantizar un orden básico y de dejar atrás el “todo se vale”.

Mediante la autoridad se transmiten ciertas pautas y valores fundamentales; criterios que ayudarán a construir personalidades equilibradas, capaces de actuar con libertad responsable y de tomar decisiones.

Una correcta autoridad logra que el niño se sienta querido y, sobre todo seguro, pues él sabe que le importa a alguien. En cambio, una equivocada tolerancia y permisividad absoluta hará del niño un pequeño tirano.

Los padres, con paciencia, les iremos enseñando a aceptar lo bueno y rechazar lo malo, razonando las cosas. Aunque sean pequeños, entienden más de lo que creemos. A veces es suficiente con un cambio en el tono de voz, pero en todo momento debemos ser firmes.

¿Debo tener mano dura?

La correcciones con amor valen más que cualquier golpe. Ninguna agresión es educativa, sino es más bien una descarga de nervios.

Si al niño no le explicas las cosas, con seguridad la situación se volverá a repetir o bien obedecerá por temor, que a la larga se convertirá en resentimiento o rebeldía.

De cualquier forma, cuando se te vaya la mano, no dudes en pedirle perdón. Explica a tu hijo de forma razonada por qué se te fue la mano y que le quede claro que has hecho mal. Aprenderá más y además sabrá pedir perdón él también.

La escuela y la autoridad

Ante todo, no debemos olvidar que la escuela tiene la responsabilidad de educar académicamente a nuestros hijos y que nosotros, los padres, somos los primeros educadores. Podemos pedir al colegio que nos ayude en nuestra labor, pero de ninguna manera debemos relegar esta responsabilidad que es nuestra.

AUTORIDAD EN PAREJA

Recuerden que…

  • Si los padres discuten por permitir o negar tal cosa al hijo, él tomará partido por alguno de los dos. Es mejor decirle al niño: “Danos un momento, papá y mamá lo van a pensar”. Como padres tienen que estar siempre de acuerdo.
  • No hay que dar a los hijos ningún motivo para dudar que los padres se quieren, porque pensarán que a continuación se tambaleará el amor por ellos. Los papás deben evitar pelear delante de los hijos, pues estos enojos muestran falta de cariño entre ellos y producen mucha ansiedad en los niños. Si están disgustados, una buena solución es ponerse de acuerdo con una palabra determinada, una mirada o un gesto.
  • Tampoco se vale que uno de los padres le eche la culpa al otro y diga cosas como “Yo te dejo hacer esto, pero tu madre no quiere”. Con esta actitud, lo único que fomentamos en nuestro hijo es capricho, inseguridad y baja autoestima.
  • No pienses que tu hijo es demasiado pequeño para escucharle. Escuchar a los hijos es enseñarles a relacionarse y a que adquieran confianza, es una de las mejores formas de brindarles atención.
  • Querer a los hijos es conocerlos, dedicarles tiempo, pensar en ellos, hablar de ellos y concretar las formas de actuar y educar entre los padres por medio de planes de acción educativa.

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