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Abrirse al diálogo en 4 pasos

Abrirse al diálogo en 4 pasos

Por: Laura Espinosa

Existen muchos libros acerca de la comunicación entre padres e hijos y de cómo educarlos, donde se sugieren diversas formas para mejorar la relación entre estos. En este artículo trataremos cuatro pasos que son los que principalmente te ayudarán a abrirte al diálogo con tus hijos:

  1. Las acciones dicen más que las palabras

Muchos padres piensan que comunicarse con los hijos es solamente hablar con ellos, pero la comunicación va mucho más allá. Nuestros movimientos y gestos, nuestra expresión facial, el volumen y el tono de la voz, e incluso la ropa y accesorios que elegimos, dicen algo de nosotros. Los hijos se vuelven expertos en nuestro comportamiento. Saben detectar nuestros estados de ánimo sólo con vernos u oír nuestro tono de voz. Por ejemplo, el modo en el que los tocamos o evitamos tocarlos, les dice mucho más de nuestro afecto por ellos que todas las palabras del mundo. El modo de mirarlos les comunica aceptación o rechazo, de lo que hacen o de lo que son.

Todo lo que hacemos o dejamos de hacer cuando interactuamos con otra persona, es un mensaje. Por eso, la comunicación entre padres e hijos se da desde un principio, desde que nace un hijo, y va más allá de las palabras.

Los padres deben ser conscientes de que, lo que hacen y cómo lo hacen, es decir el ejemplo, es más importante que lo que dicen a sus hijos. De la misma forma, el padre que esté abierto a este tipo de comunicación sabrá leer en la expresión facial y actitudes corporales de su hijos sus estados de ánimo. Así sabrá responder de modo que les ayude a estar contentos y a aumentar sus estados positivos, sobre todo en los primeros años de vida.

  1. Dialogar no es sermonear

Muchas veces los padres en vez de dialogar, lo que hacemos es sermonear y además cometemos el enorme error de considerar que siempre se tiene la razón. El que es adicto a tener la razón no escucha y en cambio, en el afán de educar, suelta discursos infinitos a sus hijos, que terminan por NO escuchar.

Ciertamente no es fácil educar a los hijos, pero para que la relación padres e hijos funcione se requiere de la negociación. Hay que escucharlos tratando de encontrar acuerdos y consensos. Recurrir solamente a prohibirles hacer cosas, no contribuye al diálogo de ninguna manera. En cambio, hay que reconocer que cada suceso puede ser considerado desde

diferentes puntos de vista. Hay que tratar de aceptar todo sentimiento ajeno y procurar comprenderlo. Quizá muchas veces no aceptes muchos de los actos de tus hijos, pero trata de entenderlos, sobre todo desde el lado emocional. A esto se le llama comunicación profunda. Antes de reprimir a tu hijo o llamarle la atención, trata de ser empático y descubre qué es lo que está sintiendo, para que así puedas encontrar lo que necesita o qué le hace falta.

Esto no quiere decir que debas renunciar a tu autoridad como padre o madre, pero sí debes ser capaz de dialogar. Para ello es preciso respetar y tratar de entender los puntos de vista y sentimientos de los hijos.

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  1. Olvídate de la rudeza

Hay muchas acciones que se consideran como “rudeza” y que son totalmente innecesarias. Me refiero a no mostrar educación en el trato con tus hijos, a ser grosera/o, a faltarles al respeto, a gritar, etc. Todas estas acciones no hacen nada por el diálogo y en cambio, sí interrumpen la comunicación o la vuelven destructiva. Y lo que es más grave, generan resentimientos y van minando el autoestima en tus hijos.

Cada vez que insultas a tu hijo, lo interrumpes, lo intimidas de alguna forma, lo ridiculizas, generalizas o empleas calificativos, estás llevando a cabo un comportamiento dañino para todos, que no propicia de ninguna manera la comunicación familiar. Puedes molestarte por algo que hizo uno de tus hijos, como romper un vaso, pero gritarle que es un “torpe” o “inútil” , le causa

un daño mucho mayor que lo que te puede costar un vaso.

Piénsalo un poco: ¿A ti te gustaría que te tratarán así? Estoy segura que no. Así que empecemos por tratar a nuestros hijos como a nosotros nos gusta ser tratados.

  1. Muestra aprecio incondicional

Pueden no interesarnos mucho las cosas que ocupan la mente y el tiempo de nuestros hijos, pero al menos debemos tratar de darles nuestra atención. Si tu hijo de 6 años te platica emocionado de los dinosaurios, del campeonato de Fútbol o de la canción del momento, no es tu obligación volverte experto en esos temas, pero sí puedes escucharlo atentamente con una actitud de aprecio incondicional hacia su persona. Aun cuando no te cautiven los mismos temas que a tu hijo, puedes disfrutar mucho de su entusiasmo y de esta forma le estarás diciendo …“siempre me interesarás tú”.

De la misma forma, no es necesario estar de acuerdo con las opiniones y actitudes de nuestros hijos, pero podemos comunicarles que los queremos sin condiciones y a pesar de todo lo que suceda. En otras palabras: “Te sigo queriendo aunque no esté de acuerdo contigo. Puedo reprobar tus actos, pero nunca a ti por lo que eres”.

Por último, hay que saber que con los hijos no sólo se puede, sino que se debe hablar de todos los temas. Desafortunadamente en muchas familias hay tabúes y secretos de los que nos se habla, pero que todos conocen. Vivir en un ambiente donde hay temas prohibidos e historias ocultas, sólo confunde y desorganiza a los niños pequeños. Se vuelven inseguros acerca de lo que pasa en la familia y dentro de ellos.

En cambio, cuando padres e hijos hablan de todos los temas y dialogan acerca de sus experiencias, aún cuando éstas son negativas, refuerzan sus vínculos y se van conociendo a si mismos, aprenden a entender a los demás y a moderar sus emociones. No olvides que el diálogo abierto y la comunicación profunda, es lo ideal para fomentar una buena relación entre padres e hijos. Tú puedes lograr una comunicación plena con cada uno de tus hijos.