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educación 10 pasos

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Amar a los hijos es lo primero, pero quererlos no basta para educarlos de manera efectiva. Hay que educarlos para que se amen a sí mismos.

Por: Laura Espinosa

 

Educar a los hijos no es fácil, además de quererlos hay que ponerles límites y corregirlos para que adquieran seguridad y autoestima. A la hora de educar, uno de los principales problemas es la falta de autoridad, y los niños necesitan la disciplina tanto como el cariño para sentirse integrados, protegidos y felices consigo mismos. Aquí te presentamos 10 pasos para educarlos con efectividad.

1.No seas demasiado tolerante. Como padres, todos queremos que nuestro hijo sea feliz, pero toma en cuenta que ponerle límites y en consecuencia, causarle frustraciones, es parte de la educación y también contribuye a su felicidad. Todo niño necesita que sus padres le indiquen el camino, que le digan qué puede hacer y qué no. Los niños sin disciplina, sufren mucho. Ejerce tu autoridad sin complejos cada día, que tu hijo sepa que tú eres quien manda y que puedes orientarlo y protegerlo, y también que sepa cómo esperas que se comporte (en el fondo lo que él quiere es complacerte). No pienses que te va a querer menos por negarle o prohibirle ciertas cosas, le hace bien saber qué tu eres quien decide.

2. Sé constante en tus normas. Para los niños resulta muy confuso que les permitas hoy lo que les prohibiste ayer. Si no eres firme en las reglas, tu hijo protestará e intentará hacerte cambiar de opinión cada vez que pongas un límite. Trata de que las normas sean pocas, pero sí muy claras, razonables y que se puedan cumplir. Es aconsejable que a partir del primer cumpleaños empieces a poner reglas y límites, y lo acostumbres a seguir son regularidad hábitos positivos, como comer en la mesa, lavarse los dientes, acostarse a cierta hora, etc.

3. Elogia sus buenas conductas. No olvides poner énfasis en lo que hace bien y no en lo que hace mal. Siempre elogia su buenas conductas, porque eso lo hará sentirse motivado y tenderá a repetir las cosas que hace bien y que te agradan. Cuando se porte bien dale toda tu atención y muestras de cariño y de forma contraria, cuando se porte mal, ignóralo. De esta manera estarás reforzando el comportamiento positivo, no el negativo. Es importante que los momentos de armonía sean más que los conflictos; esto lo incita a comportarse bien.

4. Deja que muestre sus emociones. Cuando tu hijo es pequeño y se enoja por alguna razón, lo demostrará con berrinches, gritos, portazos o llanto, ya que todavía no dispone de las palabras ni razona lo suficiente. Admite que tenga esas explosiones de enojo. Permítele liberar sus sentimientos negativos como ira, frustración, tristeza, etc., mientras no haga daño a nadie, hazle saber que lo entiendes (“Sé que estás muy enojado”) y ayúdale a expresarlo con palabras, en la medida de lo posible. Si está descontrolado, mantén algún contacto físico con él y contenlo, por ejemplo, tomándolo firmemente de los hombros, eso lo calmará.

5. Cumple lo que dices. Cuando tu hijo se porte mal, llámale primero la atención y adviértele lo que ocurrirá, pero cumple después lo que dices. Por ejemplo: tu hijo está pintando la pared y le dices que pare. Él sigue y le adviertes “Si no dejas de hacer eso, te quito ese crayola”. Tu hijo sigue e inmediatamente se la quitas y la castigas por un tiempo. Si actúas siempre de ese modo, tu hijo sabrá que debe tomar en serio tus palabras. Evita siempre los gritos y los golpes. Los castigos leves, como quedarse un rato solo en un cuarto, quitarle algún privilegio, sentarlo viendo a la pared (un minuto por cada año de edad), lo hará reflexionar igual que un castigo muy fuerte (como una semana sin salir), y sobre todo, lo podrás cumplir. Siempre que puedas dale la oportunidad de experimentar las consecuencias de sus actos y reparar el daño (por ejemplo, que limpie la comida que tiró).

6. No lo chantajees. En la vida diaria siempre hay problemas con las rutinas: comer, vestirse, interrumpir el juego, etc. Si cada vez que quieras que tu hijo colabore utilizas frases como “Si tu haces…, puedes…” , el niño esperará recompensa por todo. Cuida especialmente los chantajes que lleven el “no”, como “Si no vienes ahorita, ya no te llevo con la abuela”, ya que implica una amenaza y además estás posponiendo el castigo. Los chantajes no funcionan.

7. Sé clara en tus mensajes. Sí por ejemplo, tu hijo está tirando la comida y le dices “¡Vamos, vuelve a hacer eso!”, él capta tu tono de enojo y las señales corporales de desagrado o impaciencia, pero no coincide con tus palabras de aliento y el mensaje lo confunde totalmente, porque no entiende la ironía y toma las palabras de manera literal. Estos mensajes sólo logran disminuir su auto confianza, evítalos. Mejor dile simplemente lo que no quieres que haga y dale una sola orden a la vez. Si le dices “Recoge tu juguetes, lávate las manos y siéntate a comer”, lo más probable será que te desobedezca aunque no quiera hacerlo.

8. No lo sobreprotejas. Dejar que un hijo se vaya es parte de la educación; a medida que crezca se alejará un poco más de ti, primero gateando, luego caminando y corriendo, luego jugando o durmiendo fuera de casa, etc. Si hay algo que quiera hacer que te inspira miedo (treparse a un juego, ir a un campamento…), valora si lo ves capacitado para ello. No le prohíbas actividades con tal de que no se decepcione, él debe vivir muchas cosas para ir creciendo, pues así se forma su carácter y aumenta su autoestima. Siempre trata de distinguir entre tus miedos y el peligro real.

9. No pierdas la calma. Tu hijo necesita verte serena y capaz de afrontar diferentes situaciones, como las rabietas, la rebeldía, el no escuchar ni colaborar, etc. Todas estas son conductas normales relacionadas con su desarrollo. Al conocer la etapa madurativa en que se encuentra, te será más fácil entender sus conductas difíciles y afrontarás con calma las situaciones de conflicto. Si tu peor conflicto se da por ejemplo en las mañanas, que tienes que correr al trabajo y tu hijo se tarda mucho desayunando, toma medidas como levantarte antes o pedir ayuda a tu pareja. Analiza cuáles son los momentos del día que te hacen perder la calma.

10. No quieras ser perfecta. Ser madre o padre se aprende con la práctica, por lo tanto, es normal que te equivoques. Los hijos no necesitan padres perfectos, sino padres que los quieran y que estén dispuestos a guiarlos y a convivir con ellos. Si te equivocaste y, por ejemplo, castigaste a tu hijo más fuerte de lo razonable, reconócelo ante él. Eso le dará muy buen ejemplo y descubrirá que cada día es una oportunidad para ser mejor.

Resalta tus cualidades positivas, en lugar de fijarte sólo en lo que haces mal. Aprovecha esas virtudes para disfrutar más con tu hijo y olvídate de la culpa. Sentirse culpable no ayuda a resolver los problemas, analiza la situación que te está molestando y cámbiala.

 

 

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